viernes, 19 de septiembre de 2008

El barrilete

I

Adolescencia tardía - dictaban los analistas cada vez que se le perdía la mirada en algún punto concreto-, se arreglaba el pelo como esperando a alguien, pasaba noches sin dormir y días soñando, no comía, a lo mucho un par de tostadas llenas de dulce de leche y un té de yerbas para calmar los nervios, que su abuela le había enseñado a preparar.
Tenía sueños, como todas las personas, pero cada vez más nublados. Tenía presente y tenía pasado, pero sentía que algo faltaba; así comenzó la búsqueda.
Se reencontró con su abuela esa tarde, yendo en bicicleta y con una cajita llena de facturas. Algo pesado en el viento se sintió y así fue como aprendió a escucharlo, como sólo un mago, un clarividente o un músico logra escuchar el viento.
Se recostó en el viejo sillón de la abuela, ella parecía un poco pálida, los antihipertensivos eran cada vez más caros y la pensión no era para nada abundante. Aún así, fiel al estilo de la abuela, notó algo extraño en el rostro del chico,
- ¿Qué te pasa, Rubén?, preguntó la abuela
- Nada, Abu, qué sé yo, la facultad; respondió.
- Vos a mí no podés engañarme, querido, vos tenés algo más.
La Abuela lo miró a los ojos, como quien mira una bola de cristal y sin titubear, sentenció:
- Sentís un vacío enorme, ¿no?
- Sí - responde sorprendido.
- ¿Y no sabés de dónde viene?
- No.
- El vacío que está sólo lo puede llenar tu alma gemela.
- ¿Alma gemela?, no, Abu, me gustan más los cuentos de monstruos que se comen entre sí.
- Haceme caso, tu búsqueda ya empezó aunque no lo creas.

Esa tarde meditaba mirando al techo de su habitación, pensaba en lo incoherente, pero sabio que puede llegar a ser todo lo que dijo. "Sólo lo puede llenar tu alma gemela", ¿será cierto?. La razón le dictaba lo contrario, aunque la voz profética de la abuela, le había dado cierta esperanza y claro, cierta duda también.
Volvió con la abuela lleno de curiosidad y le pidió que le explicara un poco más.

- Puedo ver en tus ojos que ya la estás buscando, todos tenemos un alma gemela pero no todos estamos destinados a encontrarla en esta vida, pero vos sí la vas a encontrar
- ¿Qué?, ¿desde cuándo sos vidente vos, Abu?
- Los años, querido, los años...
- Bueno, pero, ¿cómo la puedo encontrar?
- Podés pedírselo al viento, en un barrilete escribí tu petición y dejalo volar.
- Abu, ¿querés que vaya a buscar los antihipertensivos?

Volvió a casa y recordó que en el placard guardaba un viejo barrilete desde su infancia. "Nada pierdo", pensó... así que en un papel escribió: "Quiero encontrar a mi alma gemela" y lo ató al barrilete con mucho cuidado. Salió de su casa y se fue a la plaza más cercana. La suerte favorecía, era un día especialmente ventoso. Lo empezó a remontar con los viejos recuerdos de la infancia y hasta que alcanzó la suficiente altura, lo dejó ir...

II


Clara llevaba una vida realmente normal, cotidiana de la facultad a la casa, quizá charlar con una amiga por teléfono, leer algo y terminar el día. La rutina la asfixiaba cada vez más.
Una tarde, al llegar de la facultad, tomó uno de los viejos libros del padre al azar y se encontró con un libro sobre budismo que la capturó inmediatamente.
Al otro día y por esas sincronicidades que presenta la vida, el taxi dobló mal en una esquina y se encontró con un templo Zen, a un par de cuadras de su facultad. Sin dudarlo entró, sin preguntar nada la llevaron hacia la sala de meditación, le dieron un par de instrucciones y aprendió a escuchar el silencio. Espalda recta, contando y respirando del uno al diez, así hasta perderse.
Casi sin notarlo, se fue haciendo asídua a practicar alguna clase de meditación antes de entrar a la facultad, su visión se iba incrementando cada vez más y por primera vez sintió un contacto directo con su ser... y al tener contacto con tu ser, sintió que algo le faltaba.
Fue en busca de ayuda con el maestro que parecía estar eternamente en esa posición de meditación.
- Maestro, siento en el pecho que algo me falta, no sé qué puede ser.
- Tu alma gemela.
Silencio total, el maestro se negó a hablar más y continuó con su trance meditativo.

Se fue a su casa sin preguntar nada y al llegar se encontró con la señal que necesitaba. En el árbol de su ventana se había enredado un barrilete, con una nota atada a él, una nota sin remitente, de alguien que imploraba por su alma gemela.


III

- Chicos, los presento, ella es Clara, él es Rubén.
Las miradas se cruzaron por primera vez y un fulgor increíble se percibía en los alrededores del lugar, quizá en todo el mundo. No dijeron una palabra durante los primeros cinco minutos, hasta que Rubén con una voz muy forzada, sin entender mucho, se limitó a decir.
- Un placer, Clara...
- El placer es mío...
- De ambos es el placer, dijo Patricio, el viejo amigo en común que los presentó.

De ambos, por primera vez y figuradamente, se confundían en una primera persona.

Como se podía pronosticar, Clara y Rubén salieron durante algunos meses, se casaron y tuvieron hijos, pero ambos se habían olvidado del tema de los Barriletes.

IV

Quince años de matrimonio son necesarios para replantearse todo de una vez, quizá la rutina los asfixiaba, quizá se habían olvidado uno del otro, pero algo permanecía, eso indefinible que los mantenía juntos desde el instante en que cruzaron miradas por primera vez.
Era necesario un tiempo, un "respiro", así que Rubén decidido a irse de casa "por un tiempo", empezó a empacar. Todas sus cosas alfabéticamente ordenadas, fiel a su maniática personalidad.
Al terminar, encontró una caja que no recordaba, una caja bastante común, pero que generaba curiosidad; la abrió para ver su contenido y se encontró con viejas cartas, que le escribió a Clara cuando estaban de novios, algunas fotos de los chicos recién nacidos, entradas de recitales viejas; todo un almanaque de nostalgia que lo llevó a estallar en lágrimas.
Y en el fondo... una nota vieja que decía: "Quiero encontrar a mi alma gemela", junto con otra que decía: "Siempre estuve a tu lado, te amo."

1 comentario:

Starosta dijo...

Me hago llorar boludo, me hago llorarr